jueves, 23 de julio de 2009

Confesion

Decía Jacinto Benavente que las heridas, a fuerza de ocultarlas, se convertían en incurables
Estos días mi cabeza daba vueltas a muchas cosas. De alguna manera, quise analizar si podía de una educación judeo-cristiana.
¿Y cuál fue el veredicto? Con luces y sombras y, en líneas generales, creo que aprobado porque soy bastante generoso conmigo. Nada de notable y menos sobresaliente pero he aspirado a ser, en el sentido machadiano, bueno. Y a veces lo he logrado.
Lo que perdura en mi desde hace años es un sentido de la amistad del que me siento orgulloso. Pero a la vez, ese sentido hace que sienta con especial dolor cualquier ataque en esa materia. Llegué a los 75 respetando a todas las personas del mismo género que mi madre, mi mujer o mis cuatro hijas.
Por eso escuchar de una mujer que la he mirado con mirada sucia es algo que no puedo olvidar ni aceptar si procede de quien se proclama amiga. Demuestra no serlo y que me equivoqué al creer que lo era…
Vivo con dignidad y sin estrecheces, y cuido especialmente mi buen nombre. Quien me conoce y aprecia sabe que Marilina está al tanto de todos los pasos que doy. Ella sabe que nuestra preocupación por el melanoma ya es historia. También sabe que el enojo por “la mirada” continúa.
En internet tengo amigas desde hace 10 años y pongo a TODAS por testigos de mi comportamiento con ellas

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