jueves, 3 de septiembre de 2009

Trascripcion

Un joven novicio llega al monasterio. La tarea que se le asigna es la de ayudar a los otros monjes a transcribir los antiguos cánones y reglas de la Iglesia. Se sorprende de que esos monjes efectúen su labor a partir de copias y no de los manuscritos originales.
Va a ver al padre abad, le explica que si alguien hubiese cometido un pequeño error en la primera copia, ese error se propagaría a todas las copias posteriores.
El padre abad le responde:
-Hace siglos que procedemos así, que copiamos a partir de la copia precedente, pero tu puntualización es buena, hijo.
A la mañana siguiente, el padre abad desciende a las profundidades del sótano del monasterio; una cava donde están preciosamente conservados los manuscritos y pergaminos originales, donde hace siglos que nadie ha puesto los pies, ni los cofres que los contienen han sido tocados.
Se pasa allí la mañana entera, después la tarde, después la noche, sin dar señales de vida. Las horas pasan y la preocupación crece.
Hasta el punto en que el joven novicio se decide a ir a ver qué es lo que pasa.
Baja y encuentra al padre abad completamente ido, las vestiduras desgarradas, la frente ensangrentada, golpeándose sin parar la cabeza contra los venerables muros.
El joven monje se precipita sobre él y le pregunta:

- Padre abad, Padre abad, ¿qué le sucede?

- ¡AAAAAAAAAAAHHHHHH! ... ¡¡¡Qué pelotudos!!! ....
¡CARIDAD!!!!... ¡CARIDAD!!!!... ¡Eran votos de "caridad"... no de "castidad"!

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