domingo, 10 de enero de 2010

La vuelta al Jesus historico

Mi desconocido lector Noe, tiene un blog dedicado a los creyentes desde su ateismo militante. Yo soy un creyente que respeto a tod@s mis ami@s que no lo son y que ni se me pasa por la cabeza intentar convencerles de que tengo razon porque en esto no hay razones: en todo caso hay experiencias de Fe.
Por eso mi blog no tiene como tema principal el que tanto parece preocupar a Noe pero tampoco lo elude si alguienm con buen estilo quiere entrar en él.
Por eso publico una aportacion de monseñor Casaldaliga a quien sigo con mucha atencion y a quien admiro.
Y lo publico en mi blog (http://uswww.blogger.com/) y no en el tuyo por respeto a tus ideas:
La cuestión del Jesús histórico

La espiritualidad de la liberación, como la misma teología de la liberación, se caracteriza por estar profundamente centrada en el Jesús histórico. Nuestra espiritualidad no es sólo cristocéntrica; tiene en su centro al Cristo-Jesús histórico.
El tema del Jesús histórico como contrapuesto al Cristo de la fe adquirió carta de ciudadanía en la teología moderna a finales del siglo XVIII, en el contexto de la teología liberal protes¬tante, preocupada por la búsqueda de los datos biográficos del «Jesús verdadero», como reacción a la tradición dogmática de la Iglesia y en respuesta a la crítica promovida por el racionalismo de la Ilustración.
Pero el problema se remonta al mismo Nuevo Testamento, en la tensión entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Esta tensión ha reaparecido periódicamente a lo largo de la historia de las Iglesias cristianas, sobre todo en los momentos de crisis graves y de renovación del cristianismo. En los últimos siglos afectó a la teología europea de un modo muy particular. Ya en nuestro tiempo son muchas las teologías y las espiritualidades que han propiciado una historificación de Cristo. Sin embargo, son quizá la teología y la espiritualidad de la liberación las que más en serio y a fondo han asumido esta historificación.
Se puede considerar que ello se debe a dos causas fundamentales. La primera, al hecho de que en América Latina se ha descubierto un paralelismo muy fuerte entre la situación histórica que vive el Continente y la que vivió Jesús de Nazaret en su momento. La segunda al hecho de la «circularidad» existente entre el «lugar social» y la imagen de Jesús más fácilmente accesible.

En la espiritualidad y en la teología latinoamericanas, «Jesús histórico» no hace ya referencia directa a aquella problemática de la recuperación de la biografía de Jesús. No se trata de un problema marginal o circunstancial. Es algo más profundo. Es un desafío que interpela la veracidad de la fe y su capacidad de conservar la totalidad del misterio escondido y revelado en Jesucristo. Entre nosotros, el «Jesús histórico»:
-evoca la recuperación de la densidad teológica de la historia de Jesús de Nazaret para nuestro ser cristiano, dentro de la historia concreta del Continente latinoamericano.
-traduce la profunda ligación que existe entre la fe de la Iglesia en Jesucristo y el compromiso que por ella le sobreviene para con la historia sufrida del pueblo latinoamericano.
-responde a una cuestión central y centrante de todas las demás: mantener la dialéctica entre el modo como Jesús vivió su obediencia al Padre y lo que esto tiene de interpelación para el modo como los cristianos vivimos aquí y ahora nuestra fidelidad a Jesús. Si él fue la pre-sencialización de Dios y de su Reino, no hay otra manera de vivir la vida de hijos de Dios sino la que él vivió.


Contra qué se reacciona

Como se ve, este concreto cristocentrismo específicamente «centrado en el Jesús histórico» es un rasgo característico y muy marcado de nuestra espiritualidad. Y no es un rasgo ingenuo, improvisado o sin consecuencias. No se trata simplemente de una «vuelta a Jesús», sino de un auténtico «rescate de Jesús». Se parte de la sospecha de que «en nombre de Cristo ha sido posible ignorar o incluso contradecir valores fundamentales de la predicación y actuación de Jesús de Nazaret».
Se sospecha que «no ha sido infrecuente reducir a Cristo a una sublime abstracción», «abstracción que posibilita ignorar o negar la misma verdad de Cristo», como se manifiesta en los espiritualismos y pentecostalismos «que invocan al Espíritu de Cristo pero no se verifican en el Espíritu concreto de Jesús».
Se tiene también la sospecha de que muchos discursos sobre Jesús como Reconciliación universal «pretenden excluir a Jesús de la conflictividad de la historia y encontrar en el cristianismo un apoyo para cualquier ideología de la paz y del orden y para la condena de cualquier tipo de conflicto y de subversión».
Surge también una sospecha frente a la frecuente tendencia a la inmoderada absolutización de Cristo, que en la conciencia espontánea de los cristianos es aceptada ingenuamente. En efecto, si de Cristo se hace, bajo todo punto de vista, un absoluto, entonces queda justificada teóricamente cualquier «reducción personalista de la fe cristiana», que encuentra en el contacto con el «Tú» de Cristo la última y correcta correlación del «yo» del cristiano. La total absolutización de Cristo introyecta en la conciencia del cristiano una concepción ahistórica, pues si el cristiano posee ya lo absoluto es bien comprensible que su interés por lo históricamente no absoluto se relativice».
Desde otras latitudes geográficas ha expresado estas mismas sospechas, con palabras vigorosas, Albert Nolan, cuando ha dicho:
«A lo largo de los siglos, muchos millones de personas han venerado el nombre de Jesús; pero muy pocas le han comprendido, y menor aún ha sido el número de las que han intentado poner en práctica lo que él quiso que se hiciera. Sus palabras han sido tergiversadas hasta el punto de significar todo, algo o nada. Se ha hecho uso y abuso de su nombre para justificar crímenes, para asustar a los niños y para inspirar heroicas locuras a hombres y mujeres. A Jesús se le ha honrado y se le ha dado culto más frecuentemente por lo que no significaba que por lo que realmente significaba. La suprema ironía consiste en que algunas de las cosas a las que más enérgicamente se opuso en su tiempo han sido las más predicadas y difundidas a lo largo y ancho del mundo… ¡en su nombre!»
El problema no es para nosotros la desmitologización de la figura de Jesús, sino su desmanipulación. El problema no es pues teórico o académico. Decididamente, hay que rescatar a Jesús, «y no se encuentra para ello una forma mejor, más eficaz y más evidente, que volver a Jesús». Por eso, para nosotros, «volver a Jesús», reivindicar insistentemente al «Jesús histórico» no es un ejercicio intelectual, ni una manía arqueologista o catacumbista, sino pasión de fidelidad, celo por la recuperación del auténtico rostro de Jesús, la auténtica y normativa revelación de Dios, el genuino carácter cristiano de Dios y de la Iglesia…


¿Qué es pues en concreto apelar al «Jesús histórico»?

La espiritualidad latinoamericana «entiende por Jesús histórico la totalidad de la historia de Jesús».
Y «lo más histórico de Jesús es su práctica, es decir, su actividad para operar activamente sobre su realidad circundante y transformarla en una dirección determinada, en la dirección del Reino de Dios. Es la práctica que en su día desencadenó historia y que ha llegado hasta nosotros como historia desencadenada. Histórico es aquí aquello que desencadena historia». «Lo histórico de Jesús no es, por lo tanto, en primer lugar, lo que es simplemente datable en el espacio y en el tiempo, ni tampoco lo doctrinal… Lo histórico del Jesús histórico es para nosotros, en primer lugar, una invitación (y una exigencia) a proseguir su práctica, a su seguimiento para una misión». «Lo que hay que asegurar cuando se habla del Jesús histórico es, antes que nada, el proseguimiento de su práctica».
Volver al Jesús histórico para nosotros no significa querer saber más sobre él, sino conocerlo mejor. Conocer a Cristo y no meramente saber sobre él es algo que no conseguimos in¬telectualmente, sino prácticamente. En la medida en que comprendemos vitalmente su práctica y, asimilándola y haciéndola nuestra, llegamos a sintonizar más plenamente con su Causa y su persona, en simultaneidad complementaria.
Creemos que la práctica de Jesús es lo que permite acceder a la totalidad de Jesús, lo que permite esclarecer y comprender mejor y jerarquizar los otros elementos de su totalidad: los hechos aislados de su vida, su doctrina, sus actitudes internas, su destino y lo más íntimo suyo, que llamamos su persona. El mejor lugar para conocer realmente a Jesús es precisamente la prosecución de su práctica, su seguimiento.
Seguir al Jesús histórico es a la vez el mejor modo de aceptar al Cristo de la fe. «En el mero hecho de reproducir con ultimidad la práctica de Jesús y su propia historicidad, por ser de Jesús, se está aceptando una normatividad última en Jesús, y por ello se le está declarando como algo realmente último; se le está declarando ya, implícita pero eficazmente, como el Cristo, aunque después se deba explicitar esa confesión»
La apelación al Jesús histórico significa que no queremos caer en el engaño idealista de creer en un Cristo sin Jesús, un Cristo sin carne. El Jesús histórico es la carne histórica de Dios. Para evitar toda forma de gnosticismo, antiguo o moderno, el criterio consistirá siempre en volverse a la carne histórica de Cristo. El Jesús histórico es el criterio normativo de la revelación.
El Cristo de la Fe, el Cristo resucitado es el mismo Jesús histórico de Nazaret, totalmente transfigurado y elevado a la derecha de Dios. Nuestra espiritualidad insiste siempre en esa identidad entre el Cristo resucitado y el Jesús histórico. En este punto se sitúa en la misma línea de Juan en el Nuevo Testamento: el Mesías venido en la carne es el criterio para verificar toda inspiración (Jn 4, 1-3).

Esa vuelta al Jesús histórico al rostro histórico de Jesucristo nos ha hecho descubrir los rostros de Cristo según Puebla (30ss) y ese rostro colectivo del Siervo Sufriente en América Latina, según la teología y la espiritualidad de la liberación, y conforme a la más ubicada lectura bíblica del Siervo de Yavé.

2 comentarios:

Noe Molina dijo...

Antes que nada deseo expresarle mi agradecimiento por seguir mis artículos y más aun por incluirme en su prestigioso blog; lo menos que puedo hacer en compensación por tan amable gesto es incluirlo en mis blogs favoritos y seguir con pasión sus interesantes escritos. Es un honor que alguien de su experiencia dedique tiempo de su vida a leer y comentar mis opiniones personales. De sobra está decir que cuente con mi apoyo y si así lo desea mi incondicional amistad. Creo que a pesar de que usted y yo divergimos en nuestras creencias, nos une algo que está por encima de eso: la búsqueda por hacer de este mundo un mejor sitio para vivir…

Julio dijo...

¿Jesús Histórico?
El uso de éste oxímoron demuestra una dependencia de fuentes helenistas anti judías del cuarto siglo. James Parkes, un historiador eminente de Oxford, también demostró esto en su libro, The Conflict of the Church and the Synagogue.

Aunque eruditos discutan la procedencia de los relatos originales sobre los cuales las versiones helenistas romanas y anti judías se basan, no hay ni un fragmento (fragmentos encontrados son pos-135 EC), ni una letra del NT que provenga DIRECTAMENTE de judíos fariseos, seguidores de Ribi Yehoshua, del primer siglo.

Historiadores como Parkes, han demostrado indiscutiblemente que el cristianismo romano del cuarto siglo fue la antítesis del judaísmo del primer siglo. Es decir, el cristianismo romano del cuarto siglo fue lo opuesto al judaísmo de todo ribi fariseo.

Los primeros cristianos eran extremadamente anti tora. Por lo cual, declaraban desplazar y reemplazar la tora, judaísmo, Israel y judíos. Claramente, el cristianismo original fue anti tora desde su incepción mientras que los manuscritos del mar muerto (ver 4Q MMT) y documentación judaica demuestran que todos los fariseos del primer siglo eran pro-tora.

Hay una cantidad enorme de información histórica que cristianos rechazan contemplar. Lo puede ver en www.netzarim.co.il.
(Vea el History Museum comenzando con "30-99 C.E." )
El cristianismo original = anti-torah. Ribi Yehoshua y sus netzarim, eran pro-torah como todos los fariseos. Esto es una contradicción intratable.

Veamos, se fabrico una imagen romana a raíz de relatos helenistas décadas después de la muerte del fariseo del primer siglo y después del desbanco de sus seguidores originales judíos (135 EC, documentado por Eusebio) por romanos helenistas no judíos. Estos relatos son basados en los escritos de un judío helenista que fue extirpado como apostata (135 EC, documentado por Eusebio) por los mismos seguidores originales judíos del fariseo del primer siglo. Creer en esta imagen es razonamiento circular.

Las enseñanzas del ribi fariseo histórico no se encuentran en los relatos y rumores pos-135 EC de los romanos helenistas sino en descripciones judaicas de fariseos y ribis fariseos del primer siglo….. en el manuscrito del mar muerto 4Q MMT (véase a profesor Elisha Qimron), entre otras cosas.

A todos los cristianos: La pregunta es, ahora que le han informado, ¿usted seguirá al fariseo histórico auténtico Ribi? ¿O continuara siguiendo una antítesis redactada por romanos- un ídolo?