miércoles, 10 de marzo de 2010

Ni un bonsai

"NI UN BONSAI" de ( Farid Othman-Bentria Ramos )

1
Desde que creí nacer para ser un árbol firme y decidido no me había planteado que mi destino podría ser otro. Me dijiste que había cierto caos en mí por crecer así, que sólo tú podías ayudarme para ser bella, que lo sería entre tus manos. Te creí.

2
Comenzaste por podar mis ramas de manera tan delicada que casi no notaba que lo hacías. Deslizabas con maestría tus manos hasta que encontrabas el punto exacto que no te convencía, entonces en tus manos encontraba el acero cortante y tú el lugar para cortarme. Debía ser así, lo hacías por mí aunque doliera.

3
El día que me apartaste de mi tiesto de siempre me sentí desnuda, más vulnerable que nunca y de nuevo estaba entre tus manos. Para contemplar mi evolución siempre tenías tiempo para mí, yo empezaba a sólo tener tiempo para justificarte, para pedir que me cambiarás y así sentirte cerca, porque desde ese día en el que cortaste mis raíces y me pusiste en un tiesto terriblemente bello y escaso, desde ese día lo decidiste todo. En cierta manera quería odiarte pero tú ahora podías ponerme en cualquier lugar y ese poder me hacía rechazar también otras manos cualesquiera; te temía a ti pero ahora no entendía mis ramas sin tu poda.

4
El musgo no depende de mí y es inofensivo pero me daba miedo que lo vieras, ¿y si no entendías que no era un descuido mío, me volverías a cortar una rama por si acaso? Ya había pasado antes cuando la corriente secó mis hojas y yo no supe protegerme con esta torpe inmovilidad, es culpa mía ser árbol, no pude justificarme, era normal tu ira; tanto me cuidabas y yo dejando que la corriente interrumpiera la belleza que habías creado en mí. Dejar que hicieras, airadamente, aún más cortas mis ramas y no quejarme era mi manera de pedirte una y otra vez perdón.

5
Acepté ser tu bonsai al fin, tu creación sometida y supuestamente bella. Me diste un rincón sobre la mesa, cerca del borde para que no olvidara nunca que era frágil, que podía caer en cualquier momento al suelo y romperme como una orquidea de cristal. A veces incluso jugabas poniéndome más al borde, ligeramente suspendida, para que aprendiera que sólo tú podías salvarme poniéndome de nuevo completamente sobre la mesa.

6
LLegó la época de los frutos justo cuando me hiciste entender que tú podrías tener más árboles que convertir en bonsais pero yo nunca más a nadie que me regara tan en la justa medida como tú.
Toda mi agua, toda mi savia, mi atención, era para esas flores que se convertirían en frutos y que eran tan míos a pesar de tu pestoso fertilizante. Era más sumisa aún porque sabía, porque temía, que podías ser Kronos y devorarlos aunque quizá llorases luego. Ahora te temía más pero empecé a engañarte para buscar aún más protección en ti.

7
Cuando dejé de dar frutos dejaste de regarme. Ya no tenía por qué luchar y me sentía toda una inútil, tan poco bella como bonsai, tan lejos del árbol que ya no llegaría a ser. Arrinconada, ya ni te importaba el musgo y si me podabas lo hacías con la fuerza de tus manos, quebrando mis ramas y sin dirección.

8
Cuando me sacaste al exterior para disimular mi muerte en vida alguien me convenció, casi sin querer, al mirarme en vez de con comprensión de manera decidida, que quizá no era tarde.
"Alguno de mis frutos será un árbol", me prometí. Y casi sin darme cuenta empecé a crecer sobre el tiesto y mis ramas se hicieron gruesas en uno de tus descuidos y se pegaron a mi tronco en un juego de todo o nada. Este árbol no nació para ser bonsai, ninguna mujer nació para dejar de ser persona. En la libertad encontré mi propio viento. En la soledad la compañía que me hizo fuerte. De mis raíces descubrí que siempre buscan su lugar y me protegen. De la tierra, mi madre, que late y me alimenta aunque esté lejos de mí. Aprendí que un árbol es vida y entendí que la da. Que las lágrimas deben servir también para regarme. Aprendí que aunque no llegue al bosque nací para estar viva y tú morirás sin saber hacer nada más que intentar aprender a destruir.

9
Tu control obsesivo no me ha protegido nunca, me destruía. Solamente yo puedo decidir el mejor momento para podar mis ramas. Temía no poder vivir sin ti y te puedo jurar que nunca me he sentido tan viva como ahora. Ahora soy tan fuerte que te sonreiré si me persigues porque ya no puedes cortar ni las ramas de mi sombra, porque ya me riego sola si me hace falta.
Vuelven a brotar en mí las hojas y esta vez lo hacen por puro placer, puedo sentir que vuelve a mí la primavera.

1 comentario:

atreyu uyulala dijo...

Hay muchas, muchísimas maneras, de anular, física y mentalmente a una persona. Una forma sutil, cruel y despiadada, es tratarla como si fuera un bonsai.
En su origen, el bonsai es un árbol que ha crecido en situación adversa, en la ladera de una montaña, o en donde hay poco suelo fértil; si se le extrajera de ese lugar, y, se le ubicara en una zona apropiada y adecuada, también podría desarrollarse normalmente, sin tormentos innecesarios.
Si cada día, a una persona, se le somete a la reducción de sus esperanzas, actitudes, aptitudes, libertades... amparándonos en su "bien", obtendremos un ser, seguramente atormentado, prisionero
y atemorizado, reprimido y posiblemente triste.
En esta historia, nuestro árbol consigue recapacitar, huir y crecer, en cierta rebeldía que le aproximará a considerarse un árbol, normal y corriente.
Ojalá ocurra, y salga de su aletargada vida, sin desarrollo y libertad.