viernes, 30 de julio de 2010

Relato conventual

Marilina cuando era niña tenía una amiga muy querida que, a los 18 años, entró en el noviciado de unas monjas dedicadas a la enseñanza. En aquella época, una chica de esa edad, en la España franquista, desconocía una serie de realidades que los noviciados no se detenían en enseñar. Cuando con 50 años abandonó la congregación lo hizo en compañía de una amiga y las acogimos en casa hasta que pudieran volar y aunque parezca increible, le tuve que ilustrar sobre nuestra capacidad de comunicarnos sexualmente y sobre ciertas caracteristicas de nuestra reproduccion.
La amiga de Marilina se llama Pilo y su compañera, ya fallecida, se llamaba Isabel y había entrado en el noviciado cuando estudiaba segundo curso de Filosofía por lo que estaba algo más enterada, pero la Maestra de Novicias desconocía ese detalle.
La Congregación decide que ya que Isabel tiene media carrera hecha, que vaya a la Facultad y la termine. Antes de que vaya a la Facultad, la Maestra de Novicias consulta su libreta confidencial y… comprueba que Isabel aun no había recibido la necesaria instrucción sexual para ir al mundo universitario.
Así que llama la a su despacho y le anuncia que debe prepararla para la “vida” y sin más preámbulos le dice: Debes saber que el peligro está entre las piernas. Y con esa profunda preparación sexual, en sentido metafórico lo de “profunda”, comenzó el tercer curso en la Facultad.
Pilo estaba destinada en el Colegio de Gijón. En aquella época el centro no era mixto.
Un buen día, una alumna le hizo la siguiente pregunta en clase:
- Madre: los niños… ¿por dónde salen?
Y Pilo que no tenía ni idea respondió con mucha naturalidad y firmeza: ¡Pues por donde entran! La clase rompió en una sonora carcajada sin que Pilo supiera en aquel momento que se debía a que, sin quererlo ni saberlo había acertado en la respuesta.

2 comentarios:

ella dijo...

Jaja, no me lo puedo creer, es genial la historia.

atreyu dijo...

Ay Señor, que cómodo era tenernos en la más absoluta de las ignorancias, y así, daba igual, ya que tampoco tenias capacidad de elección, ya que, estas dos santas mujeres, abandonaron el convento con 50 años.
En su familia, tampoco las instruyeron, ya que iban a ser monjas y el sexo lo iban a necesitar, iba a decir "poco", pero la realidad se ajusta más a "nada".
Bueno, quizás a Dios gracias, la que contestó a la pregunta de la alumna, sabia más de lo que pensaban los demás, y a mi, ¿por qué no? me hace gracia.