jueves, 19 de agosto de 2010

COLEGIALES

Hace unos días, nos reunimos a comer diez antiguos compañeros de colegio. Es una vieja costumbre que tenemos en verano cuando los que vivimos fuera de Asturias, regresamos a la tierra que nos vio nacer. Llega Pepe Collera de San Sebastian, Pedro Sanz de Sevilla, Luis Diez de Valladolid o Manolo Rodriguez y yo desde Madrid. Nuestros destinos y profesiones nos han llevado lejos y nuestra asturianía nos hace volver cada año. Este año no acudió la perla de nuestra corona: Jose Luis Rodicio era desde niño un estupendo personaje. Era el portero titular de nuestro equipo de futbol en el que yo jugaba de defensa izquierdo. Estudió medicina y llegó a ser Presidente de la Sociedad Europea de Nefrología y catedrático de su especialidad tanto en USA como en España. Sigue siendo la persona amable, cercana y humilde que era desde niño.
Sí asistió Leandro Vigil Escalera, el viejo lobo de mar, capitán de la marina mercante española que navegó los 7 mares y guarda excelentes anécdotas.
En aquellos años, los jesuitas no tenían colegio en Santander así que Emilio y Jaime Botín recalaron en el internado del colegio de Gijon. Acabamos el bachillerato en 1951 época del hambre y la cartilla de racionamiento. Los internos recibían ayuda alimenticia de los que por ser externos comíamos en nuestras casas. Uno de los ayudados era Emilio y uno de los ayudantes Juan Blanco. Pasó el tiempo y llegó a España la Democracia. Era finales de los 70 y Juan Blanco que había estudiado ingeniería de Montes y era amigo de Adolfo Suarez, fue nombrado por éste Gobernador de Orense para ver de acabar con los incendios forestales. En verano, Juan y su esposa hicieron un viaje por la costa del Cantabrico y estando en Santander, al pasar ante la sede del Banco del mismo nombre, se le ocurrió entrar a saludar a su viejo compañero de clase. El secretario de Emilio le pasó nota de la visita y éste respondió que no podría recibirle en todo el dia. Fue entonces cuando Juan contestó al secretario: “No importa. Digale a Emilio que estuvo a verle el Gobernador Civil de Orense; el mismo que le quitaba el hambre cuando estuvo interno en Gijon. Estoy en Santander en viaje de placer y mañana sigo viaje.” Juan recibió varias llamadas de Emilio en el hotel pero no respondió. ¿Hace falta aclarar que el Presidente del Santander no goza de nuestras simpatías?

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