domingo, 8 de agosto de 2010

Ramonin Laviada

Mi abuelo materno nos dejó en 1942. Yo tenía 8 años pero lo recuerdo muy bien porque dormía junto a él cuando mi abuela pasaba temporadas cuidando a mi tío Félix, causante de la boda de mis padres
Mi tío Félix era una gran persona. Aunque recuerdo que tenía más de una admiradora, creo que se quedó soltero porque sabía que su salud era débil y no quiso dejar viuda. Yo era su ahijado y a mis 21 años se murió en mis brazos. Había tenido tuberculosis en los años 30 y entonces no existían los antibióticos. Se curó pero le quedaron secuelas. Era profesor de la Escuela de Ingenieros de Caminos, liberal y contrario al franquismo imperante. Era creyente pero (y eso creo que lo heredé de él) no comulgaba con ruedas de molino.
Recuerdo que mi abuelo me daba cada mañana una cucharada de miel sin refinar buena, según decía, para mi garganta.
Un día noté que la familia hablaba en voz baja y estaba triste. Vivíamos en la gerencia de la fábrica con mi abuelo. Mi madre me tomó de la mano (yo tenía 7 años) y me llevó a la vivienda de Ramonín Laviada. Ramonín era el encargado general y también vivía en una casa de la fábrica como la mayoría de la gente que trabajaba en ella. Cuando mi bisabuelo fundó la fábrica en 1844 hizo viviendas para sus obreros, algo insólito en aquellos tiempos, pero que marcó la trayectoria de mi familia materna.
Ramonín Laviada había sido antes de nuestra guerra el líder de la CNT de Gijón y después de la guerra mi abuelo lo recolocó en el mismo puesto. Muchos represaliados por el franquismo, cuando salían del campo de concentración también reingresaban.
Mi madre me llevaba a casa de Ramonín porque había fallecido y quería mostrar sus condolencias a la viuda. Ésta preguntó a mi madre si quería verlo y mi madre dijo que sí así que por este camino, y con 7 años, vi el primer cadáver y los días siguientes me costó mucho dormir

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