martes, 10 de agosto de 2010

RELATOS NO TAN CONVENTUALES

Más relatos no tan clericales.
En otro relato aparecía Pilo explicando a sus alumnas por dónde salen los niños.
Isabel, su compañera, era algo mayor y había entrado en el noviciado después de pasar por la Facultad de Filosofía de la Complutense de Madrid.
Por esa razón, cuando un jesuita se le abalanzó en un ascensor, ella se defendió del acoso levantando con rapidez su rodilla que golpeó con exactitud en las partes pudendas jesuíticas, cayendo al piso del ascensor con los mismos espasmos de dolor que cuando un balón tropieza con un jugador que no defendió su entrepierna.
Ya fuera del convento, su primer trabajo fue en la Universidad laboral de Cáceres. Un buen día habían ido a comer a un restaurante a las afueras de la ciudad y dos hombres que comían en la mesa de al lado entablaron conversación.
Todo iba bien hasta que uno de ellos les preguntó si eran “Relaciones Públicas”. Eso les sonó a “mujeres de la vida” y huyeron despavoridas.
Marilina, al principio, tuvo algunos problemas para que Pilo entendiera que desde su entrada al convento habían pasado unos cuantos años y que la ropa para niñas de 17 no era la más adecuada a su morfología.
En el pueblo desde donde escribo había una vendedora de fruta y verdura conocida por la Chucha. Tenía 3 hijos, Luis, Mimí y Carmen.
Luis, un tipo muy culto y muy simpático, buen amigo nuestro, es homosexual. Mimí, cuyo nombre puede inducir a error es maestro en reparación de golpes de coches, tiene voz de bajo y está casado con la catedrática de francés del Instituto del pueblo. Carmen se casó con el dueño de la funeraria del pueblo y pronto usó el “negocio” del marido para enterrarlo.
Pero volvamos a la Chucha, una mujer con esa inteligencia que da el mucho trato con la gente desde su puesto de venta. Cada mañana montaba su tenderete exponía la mercancía y esperaba a sus clientes. Yo siempre le compraba a ella y no solo por la calidad y precio de sus productos. Me gustaba charlar con ella y hasta traía dos cafés de EL Cafetín y lo tomábamos en santa armonía.
Y un día, aparecen Pilo e Isabel a comprar. Nos saludamos, hacen sus compras, pagan y se van. Y apenas se había separado 20 metros del kiosco, la Chucha me dice:
- Andrés, ¿viste como están estas dos después de pasar 20 años en capilla ardiente?
Dejo para otro día la presentación de otros personajes del pueblo y alguna tertulia en la cocina del Bar Colón

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