martes, 16 de noviembre de 2010

CARMINA Y MI MADRE

Minervina me animó a escribir y ahora no hay quien me detenga jajaja. Ya sabéis a quien hay que culpar.
Hoy pretendo relatar algo íntimo y delicado. Eran los años 70 y yo militaba en el PSOE. También participaba muy activamente en el colegio de nuestras hijas cuyas monjas se iban a condenar según las clásicas antiguas alumnas nada partidarias del Vaticano II
Mi hermana Lutgarda soportaba ese nombre por una promesa que hizo mi madre a la santa así llamada. Parece ser que era santa acostumbrada a resolver problemas de embarazo y mi madre los tenía y por eso le puso el nombrecito. Mi hermana es antigua del colegio de nuestras hijas aunque al tener solo hijos varones, no fueron al mismo colegio. Pertenece a esa iglesia integrista tan conocida por estos pagos.
Solo porque lo necesito para la historia, contaré que Marilina había donado sangre directamente para el cuñado de mi hermana y que a mí me tocó la triste tarea de enterrar a un hijo que fue sacado con forceps y, afortunadamente murió al tercer día de nacer con el cerebro machacado.
A las reuniones de padres de alumnas acudía un amigo de mi hermana y defendía los sacrosantos valores inalterables de la Iglesia contra las tendencias heterodoxas de las monjas y sus seguidores entre los que me encontraba. El amigo de mi hermana se apellidaba Belda y era abogado del Estado.
Y en una reunión de padres para desprestigiarme tuvo la feliz idea de manifestar que yo era poco fiable y que mi hermana le había comunicado el disgusto de mi familia por mis tendencias ideológicas.
Volví a casa después de la reunión y llamé a mi hermana. Respondió su marido y me comunicó que no estaba en casa así que le dije: cuando vuelva dile que solo se acuerde de mí si me necesita para algo pero que para lo demás me olvide. Pedro, su esposo, me preguntó por el motivo y le relaté la intervención de Belda. Claro que no supo darme una explicación lógica.
Pocos días después hablo por teléfono con mi madre. En aquella época las llamadas no eran diarias. Mi madre me dice algo de Lutgarda y le respondo que hace días que no le hablo. Al preguntarme el motivo, le digo: prefiero que te lo cuente ella.
Ese fue mi error o quizás no. Suena el teléfono y era mi madre. No me deja hablar y me dice de todo menos bonito y me cuelga. Mi disgusto y decepción fue grande. Estaba atravesando momentos difíciles en la empresa como conté en otro relato. Mis padres sabían desde el principio de mi militancia política y comprendí que mi hermana les había lavado el cerebro con sabe Dios qué insidias.
Carmina sabía toda la historia y lo estaba pasando tan mal como Marilina y yo. Y. pocos días después, al volver una tarde en que habíamos salido Marilina y yo, nos encontramos a Carmina en un mar de lágrimas.
- ¿Qué pasa Carmina?
- Que hice lo que no debía hacer. Llame a Gijón a la abuela para decirle que llevo años en esta casa y que usted no hace daño a nadie y sus puertas están abiertas para quien lo necesita.
Carmina había visto mi sufrimiento y se había decidido a actuar. La abrazamos y le dije: recuerde el evangelio cuando Jesús dice quien es su madre…
En la llamada no se resolvió la situación pero dos días después mi madre me llamaba como si nada hubiera pasado y le respondí de igual manera.

1 comentario:

atreyu dijo...

Perdona, que reincida en el tema, ya que lo respondí al último comentario que escribiste.
No sé en Madrid, dónde se fueron las niñas, que sus papás no comulgaban con las ideas de los colegios afectos al Concilio Vaticano II.
En Valencia se fueron todas al Colegio Guadalaviar, perteneciente a los Colegios de Fomento, o sea del Opus Dei.
Luego vienen a comprar estampas de Primera Comunión, con dibujos de Toñín, muy contentas.