viernes, 26 de noviembre de 2010

LOLA

Así se llamaba mi abuela. Un nombre que ha rodeado mi existencia: mi madre también se llamaba Dolores y mi hermana y Marilina y mi hija mayor. Claro que a Marilina nadie la conoce por ese nombre, a mi hermana todo el mundo la conoce como Lolo y a nuestra hija mayor como María.
Mi abuela Lola tenía antepasados de Marsella Cádiz pero no recuerdo el origen con exactitud. Marsella, puerto de mar mediterráneo, tiene fama de albergar una poderosa mafia, pero tranquilos: ¡no ejerzo!
Sí recuerdo a los hermanos de mi abuela: Cándida estaba casada con el cónsul de la Alemania Nazi en Gijón. Era un tipo muy poco ario físicamente hablando: lo recuerdo bajito, rechoncho y calvo. Si cierro los ojos aun veo la bandera nazi ondeando en su balcón justo sobre la confitería La Vienesa, regentada por unos austriacos cuya relación con el invasor no creo que fuera excelente. Tampoco lo era la relación de mis padres con ellos. En aquellos años España se dividía entre aliadófilos y germanófilos y mi padre era de los primeros.
Además de Cándida mi abuela materna tenía dos hermanos. Ignacio se casó bastante tarde y su esposa tampoco era una niña por lo que, contaban las malas lenguas, tuvieron que tomar bicarbonato para ayudar a la digestión del banquete nupcial. Lo que recuerdo con desagrado era el extraño olor de aquella casa en que Vivian. Necesitaba ventilación y limpieza a fondo.
El otro hermano de mi abuela se llamaba Pepe y su esposa, Pura. Él era un aguerrido militar retirado. Era artillero y cuando yo con cuatro o seis años le apuntaba con un fusil de juguete que tenía un corcho atado con una cuerda para disparar, él me decía: ¡eso ni en broma! Eso me hacia seguir apuntando y mi abuela se reía como una loca. Mi abuela Lola vivía en Madrid acompañando al tío Félix, mi padrino una gran persona a quien la tuberculosis en
1930 le dejó secuelas irreparables y murió en 1954 en mis brazos. Era tan inteligente como buena persona y no lo olvidaré mientras viva.
Cuando llegué a Madrid desde Asturias en 1951, viví en casa de mi abuela. De aquella época recuerdo la cantidad de teatro que pude ver. Ella le decía a la chica que tenia: me da pena de este muchacho todo el día estudiando; voy a llevarlo al teatro. La chica me decía que mi abuela ya tenía una disculpa para salir. Y así conocí a Casona y La dama del alba, La sirena varada o los árboles mueren de pie o a Buero Vallejo y su Historia de una escalera, El tragaluz o En la ardiente oscuridad; o Tres sombreros de copa y El caso de la mujer asesinadita de Miguel Mihura. Obras que por el coste de la entrada estaban vedadas para un estudiante y que tuve la suerte de ver con mi abuela que siempre me dejaba elegir.

3 comentarios:

Berenguela dijo...

Me ha encantao tu blog,porque me recuerda a mi abuelo que era igual ....yo estaba en el colegio en Madrid interna y cuando salia,a su casa,en la calle Fuencarral, el abuelo siempre me llevaba al teatro,todo eso que viste lo conocí yo con él y Zaruela que me encantaba,Luisa Fernanda ,por ejemplo,la del Manojo de Rosas,El Rey que Rabió.....bueno ,que recuerdos.
Bueno y ni se me habia ocurrido que Marilina se llamaba Lola!!!!!
A ver si nos vemos un dia de estos ,y nos tomamos un vino.

Norma dijo...

claro,mi abuela materna Margarita, italiana, vino a esta patria Argentina, junto a su esposo Marino, mi abuelo, llegando sin nada en sus arcas, solo el deseo de trabajar y "hacer la América", como se decía...........mi madre estaba en el vientre de mi abuela, ya por nacer, el barco , que tardaba tanto en llegar, tenía bandera Argentina, por ende ella fue...de esta nación, después, la lucha por hacer el dinero necesario para seguir con la vida en familia, mis abuelos paternos, también italianos a los que no llegué a conocer.así se formó la gran familia............

Ventolin dijo...

¡Claro que agrada recordar sin animo de pensar que todo tiempo pasado fue mejor porque simplemente fue... anterior.
Mientras tanto Norma nos transmite sus recuerdos llegados a Argentina desde Italia. ¡Cuanto mérito tenian aquellos emigrantes que viajaban con la esperanza como unico equipaje!