martes, 16 de noviembre de 2010

NUESTRA CARMINA

Carmina Lafuente era de Gijón hasta la médula. Vivía con sus tres hermanas y se dedicaba a bordar esos manteles y “juegos de cama” que se llevaban antaño en los llamados equipos de novia. El trabajo sedentario la llevó a padecer una enfermedad mental y el psiquiatra le recomendó un trabajo más activo.
En nuestra casa acababa de nacer Andrés y era el quinto nacimiento en cinco años. Necesitábamos ayuda y llegó Carmina. Y se quedó hasta la jubilación y más allá. Porque una vez jubilada, nos llamó desde su casa para decirnos que se aburría y quería volver sin sueldo con nosotros porque “en nuestra casa se vive más intensamente”. Y así fue: volvió a nuestra casa de donde ya habían volado tres hijas. De vez en cuando pasaba un par de meses con sus hermanas y volvía con nosotros.
Antes de volar nadie, Marilina estuvo ingresada un mes por un problema de hernia discal y coincidió con una crisis de Carmina. Me dijo que no quería volver a curarse a su casa y, lógicamente, acepté y la llevé a un psiquiatra amigo. Cuando hice ademan de salir del despacho de consulta, Carmina dijo que me quedara, el psiquiatra accedió y allí me quedé.
Por las mañanas pasaba su inspección y a veces escuchaba aquello de “ese pantalón no va bien con la chaqueta: póngase la verde” Así que daba la vuelta y me cambiaba.
Ya jubilada y en una de sus largas temporadas con nosotros su riñón se deterioró y estuvo ingresada en el Gregorio Marañón de Madrid. Allí estaba Javier haciendo la especialidad de endocrinología y allí se hizo famosa porque hubo un conato de incendio y una periodista de El País hizo un reportaje sobre lo acontecido. Carmina fue la única que contempló el asunto con humor y contaba el “desfile de lencería de las ancianas como ella bajando las escaleras y reunidas en la capilla del hospital”.
Volvió a nuestra casa y meses después volvió a recaer, esta vez definitivamente. Y falleció en brazos de mis hijos menores, sus preferidos. La llevamos a enterrar a su querido Gijón y sus hermanas nos hicieron el honor de mencionarnos en su esquela.
Pasaron los años y Carmina sigue viva entre nosotros. A veces contamos anécdotas con el cariño y respeto que despertó en su segunda familia y entre nuestros amigos. Prometo contar alguna en próximas entregas.

2 comentarios:

atreyu dijo...

Carmina, es una de esas ancianas encantadoras, que encontramos en algunas casas de familias numerosas, en la que además, suele haber una tía o prima de alguien, soltera al "uso", que colaboran en las labores de la casa, el cuidado de los niños y a veces un poco en ese mimo, que también suelen dar las abuelitas.
Además de personas como Carmina, yo echo de menos, y, mucho a la nodriza o "mareta" que se suele decir por la Marina en Alicante.
Yo no tuve, pues no me fue necesario, pero es un personaje que añoro... o, me gustaría añorar.
Estas personas me recuerdan a las novelitas de Celia, donde aparecían seres de este estilo, que ya no volverán, pero se recuerdan con cierta añoranza...

Berenguela dijo...

Creo que estas cosas,preciosas ademas ,pasaban antes ,en casa de mi madre tambien hubo una persona maravillosa muchos años ...se llamaba Concha,la recuerdo mucho.