lunes, 31 de enero de 2011

DANIEL SALZANO

En la Cordoba argentina se abrió la primera Universidad de este querido pais. Hoy sigue siendo faro cultural.Daniel Salzano esxribe en Diario La voz del interior, Córdoba, Argentina, este delicioso artículo que me envía Mecha:

Pesebre

La cuna era un cajón de manzanas que nos había regalado el verdulero, el Niño Dios una muñeca a la que le habíamos cortado las trenzas y la almohada un ladrillo forrado con papel de barrilete.
Con un par de tachuelas fijamos las montañas de arpillera y, con un truco que habíamos visto practicar en la cocina, coronamos la cima con puñados de azúcar impalpable. Al buey, tres veces más chico que el Niño pero dos veces más grande que San José, lo colocamos a la izquierda de la cuna por el famoso tema del aliento caliente y la ternura. El buey a la izquierda, el burro a la derecha, el cajón de manzanas al medio y, repartidos a lo bestia por las laderas de la montaña, las piezas del ajedrez, una ambulancia de tres ruedas y un espejo rodeado de piedritas para que tomaran agua los tigres, los chanchos, las ovejas, los elefantes y los camellos.
El rey Melchor era de plástico, lo mismo que el policía que dirigía el tráfico: si bajaba los brazos podían pasar los pastores, si los subía podía pasar el trencito con la estrella de Belén sacudida por el viento.
La Virgen María era un dibujo de Leonardo recortado del Billiken y Papá Noel un oso de trapo subido al camión de los bomberos. ¡Los famosos bomberos de Belén!
Después, cuando ya no nos quedaba nada por agregar, nos tumbábamos al lado para controlar los últimos detalles. Queríamos cobrar entrada, queríamos sacarnos una foto y agregar un par de leones (¡Los famosos leones de Belén!). Entonces se hacía de noche, teníamos que irnos, apagábamos la luz, no nos podíamos dormir, nos dormíamos, era lo que esperaba el tren para avanzar por su cuenta entre las montañas de arpillera, los camellos levantaban la cabeza, el policía los brazos, Dios pesaba dos kilos novecientos y, reflejada en los ojos húmedos del buey, la estrella de Belén se prendía y se apagaba y se prendía y se apagaba. Amén.

3 comentarios:

morganadelasaguas dijo...

Ventolín! qué guapo y qué tierno!

Anónimo dijo...

Pues sí, es cierto. Tiene el encanto del castellano del otro lado del océano cuando está maravillosamente escrito. Minervina.

Ventolin dijo...

Me alegra mucho compartir vuestro gusto. Como dice Chelo, el buen uso del castellano por nuestros hermanos de Argentina nos debería animar a consertvar este tesoro compartido y a limpiarlo de impurezas del Imperio.