lunes, 24 de enero de 2011

NAVIDAD

Hoy viví una Navidad especial. No esa pascua que se felicita en estos días por todas partes y que es una expresión hueca. ¡Cuánta oquedad podemos ver a nuestro alrededor y qué peligro corremos de caer en ese hueco…!
El nacimiento me llegó en forma de correo. Jesús llegó a mi Belén desde muy lejos. Llegó solo desvalido y a la vez confiado. En su equipaje solo traía buena voluntad. Los jerarcas no lo vieron, no le dieron importancia, no le hicieron un hueco en su vida, no le dieron el calor necesario… Estaban demasiado ocupados en “sus cosas”. Y el Niño no es una cosa que se analiza y estudia bajo el microscopio. Es el emigrante, el diferente… todo el que necesita algo. Por eso a veces el Niño eres tú, otras soy yo, otras… ¿Quién sabe? Y el Niño llamó a mi puerta y me dijo: escúchame. Y yo le agradecí que me permitiera ser mínimamente útil. Es así como pretendo vivir mi Fe.
Paz a los hombres de buena voluntad con independencia de su credo, raza, o cualquier otra diferencia.
Tenemos que estar atentos a no ser Herodes o los rabinos de la época. A Jesús no lo mató el pueblo judío…

4 comentarios:

ella dijo...

feliz 24 de enero y estoy de acuerdo en todo.
Abrazos

Ventolin dijo...

Gracias a ti querida Sole por tu benevolencia. Sabes bien cuanto valoro tus juicios

Anónimo dijo...

Ya somos tres en el estar de acuerdo con lo escrito. Lo que ocurre es que sólo se tiene de la Navidad la idea inútil de la que hablas, Vento. Este otro lado de la cuestión ni se tiene en cuenta. Y pienso además......(yo siempre tan negativa) que todo seguirá igual. Lo peor, Minervina, de tu pesimismo, es que tienes razón y sólo se perpetuará la Navidad de la oquedad. Vento, compruébalo y verás cómo tengo razón yo también. Besinos grandes y piquiñinos. Minervina.

atreyu dijo...

A mi me gustaría, que los árboles me dejaran ver el bosque, y apreciar, entre tanta prohibición, tanto culto, tanto "pecado" y tanto... la Luz, porque la ética del ateo, de la que tú hablabas un día, ya la practico, es decir, procuro ser buena persona y que la solidaridad anide en mi, de manera constante.
Los gastos, que realizo en la Navidad, no son para mi, más que una costumbre, no sé bien si buena, mala o simplemente regular; pero, en mi familia, se hace así, ¡qué le vamos a hacer1, como decía mi madre.