viernes, 28 de enero de 2011

TESTIMONIO PERSONAL II

El Gordo fue compañero en la Academia militar de mi suegro. Yo era novio de Marilina cuando me quedé sin trabajo después de cerrar la fábrica. No era mi mej0r tarjeta de presentación haberla cerrado y buscaba trabajo sin éxito.
El Gordo cumplía su promesa contando a mi futuro suegro que acababa de dar trabajo a no sé cuantos y mi suegro no entendía que yo no se lo pidiera. Finalmente me presenté a una selección de una compañía holandesa y me eligieron y pude casarme. Mientras tanto mi suegro aceptó la oferta del Gordo y montaron en sociedad una granja de cerdos en terrenos de mi suegro. El Gordo tenía entre sus negocios una fábrica de piensos. Pasaron años sin que mi suegro viera ni un estado de cuentas ni mucho menos un céntimo de aquel “negocio”. Hasta que un buen día desmanteló la granja y mi suegro sin enterarse. Al menos aquello le hizo comprender, y así me lo reconoció, la razón de mi negativa a pedir nada al Gordo.
Al casarme salí del agobiante ambiente que se respiraba en aquella casa con dos matrimonios y los hijos solteros de uno de ellos. Las tensiones en la mesa eran enormes. Mi madre quizás quería defender un trozo de tierra a cambio de la libertad de espíritu. Aquello me sirvió de lección práctica para poner en su sitio los valores principales. Nunca aceptaría nada material a cambio de mi independencia.
La primera que salió de aquel ambiente fue mi hermana Lolo. Es la que me sigue en edad y con la que siempre tuve una relación verdaderamente fraternal. Se casó con un hombre bueno que la liberó y la hizo feliz. Siguen siendo una pareja envidiable y me siento muy unido a ellos. Mis otras dos hermanas preferían no enterarse y sacar lo posible. No cabe duda de que ser hermanos de sangre no significa ser iguales…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Veo, Ventolín, que en todas partes cuecen habas y no precisamente de "la granja" que son tiernines y sabroses al paladar. ¡Vaya con el Gordo! Leído tu artículo, es como conocerte algo más allá de lo puramente físico. Besos desde este otro lado de la sierra con nieve en el suelo. Minervina.

Ventolin dijo...

Gracias paisanina. La sierra no nos separa porque nos une la amistad y la buena onda