domingo, 29 de mayo de 2011

MENTIRAS CON DINERO PÚBLICO

Leo en el diario Público y no salgo de mi asombro. Un gasto de 6,4 millones de euros que otorgó Aznar, siendo Aguirre ministra de Educación, costeó un Diccionario realizado por la Real Academia de la Historia que tergiversa la misma sin el menor pudor y nuestro actual Ministro tan calladito. Esto en lenguaje tabernario se llama “ser puta y pagar la cama”. ¿Qué dirán de este panfleto de 50 tomos, historiadores como Ian Gibson o Paul Preston? Es un verdadero insulto a la inteligencia al que, desgraciadamente,  nos tiene acostumbrados la montaraz derecha española. Solo les faltó ensalzar el “democrático” grito (¿0 fue alarido?) del amigo de Franco, el general Millán Astray, que, en pleno paraninfo de la Universidad de Salamanca, vociferó: ¡Viva la muerte! Y recibió la respuesta de Unamuno: venceréis pero no convenceréis.
Pasado el tiempo, el 22 de mayo, miles de herederos del franquismo gritaban con odio ante la sede del PP: “esto es democracia y no lo de Sol”, refiriéndose a la acampada en la Puerta del Sol del Movimiento 15 de mayo…
En fin: malos tiempos para la lírica.
Dice el diario Público:                 
SEGÚN EL NUEVO 'DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL'
"Negrín fue un dictador"
La obra de la Real Academia de la Historia, que ha costado 6,4 millones de euros de fondos públicos, difunde que Franco montó "un régimen autoritario, pero no totalitario"
Que Juan Negrín fue un personaje difícil de encasillar no lo duda nadie. Odiado por los franquistas y vilipendiado por sus propios compañeros de partido, el político que asumió la presidencia del Gobierno en 1937, en plena Guerra Civil, ha vivido en la sombra de la Historia hasta hace muy poco, cuando la importancia de su figura ha vuelto a ser reivindicada. En cualquier caso, ni los propios franquistas, que lo consideraban un “rojo traidor”, llegaron tan lejos como el nuevo Diccionario Biográfico Español, que directamente lo llama dictador, un término que, como adelantó ayer Público, no emplea en ningún momento para el caudillo Franco.
Refiriéndose a Manuel Azaña, el diccionario dice lo siguiente: “Su situación se agravó durante el Gobierno, prácticamente dictatorial, del socialista Negrín, en coalición con los comunistas, en la última fase de la guerra”. Asimismo, el autor de la entrada, Carlos Seco Serrano (un historiador que ha alabado el trabajo del franquista Pío Moa), añade que Azaña “se vio anulado por la iniciativa revolucionaria de las sindicales obreras armadas; pero se le mantuvo en el poder para que llenase, de cara a Europa, la imagen de un republicanismo democrático que estaba muy lejos de reflejar la auténtica realidad de España en aquellos momentos”. Sin embargo, cuando toca hablar de Franco, se destaca que “montó un régimen autoritario, no totalitario”.
Esta relectura franquista de la Historia reciente de España la ha llevado a cabo la Real Academia de la Historia, institución dirigida por el historiador y economista Gonzalo Anes, Marqués de Castrillón, que ha contado con una financiación de 6,4 millones de euros de las arcas públicas.
Fue José María Aznar, en 1998, quién aprobó esta subvención, gestionada por el Ministerio de Educación y Cultura que encabezaba Esperanza Aguirre. El tratamiento que se concede a Aznar en la obra también presenta importantes deformaciones, ocultando su política de acercamiento de presos etarras durante la tregua de 1998, ignorando su intento de manipulación informativa tras los atentados del 11-M y relacionando la caída de su Gobierno con “el aprovechamiento, desde la oposición socialista, del hundimiento del petrolero Prestige”.
Con la llegada del PSOE al Ejecutivo en 2004, el proyecto no sufrió ninguna modificación. El pasado jueves, la obra se presentó en un acto solemne con la presencia de los reyes y la ministra Ángeles González-Sinde. Gonzalo Anes expresó su agradecimiento a Aznar por financiar el proyecto, llegando a decir que en la Academia “nos sentimos deudores” del expresidente.
Este periódico contactó con el Ministerio de Educación, responsable de la subvención, para preguntarle por un diccionario que, pagado con dinero público, ensalza a Franco, oculta su política de represión y dulcifica su régimen calificándolo de “autoritario, pero no totalitario”. Fuentes de Educación se limitaron a confirmar que su relación con las academias es únicamente administrativa y que estas “son instituciones independientes”, por lo que el Ministerio no debe conocer lo que se hace con la inversión.
El diccionario, una monumental colección de 50 tomos de la que se han presentado 25, también hace una desconcertante revisión de los acontecimientos que desembocaron en la Guerra Civil española, igualando a Largo Caballero, Santiago Carrillo, el PSOE y el PCE a los golpistas que querían dinamitar la II República.
Así, en la entrada dedicada a Carrillo, el texto, escrito por Luis Arranz Notario, dice lo siguiente: “El levantamiento militar del 18 de julio de 1936 proporcionó al largocaballerismo la ocasión de llevar a cabo la prometida liquidación, por vía revolucionaria, de la República del 14 de abril. España conoció durante la segunda mitad de 1936 una revolución de envergadura, sólo comparable a la soviética de 1917. Pero ese proceso no impidió el avance de los militares”.

El Diccionario Biográfico Español entiende que Carrillo “aplicó una política de terror revolucionario que compartieron todas las organizaciones del Frente Popular. […] Coincidió así con los asesinatos de Paracuellos  y Torrejón de Ardoz, donde varios miles de personas de toda edad y condición, en gran parte sacadas ilegalmente de las cárceles madrileñas, fueron fusiladas sin más. Carrillo nunca ha asumido su responsabilidad en estas matanzas”.
Si usted es de los que piensa que la Guerra Civil española fue provocada por un golpe de estado de unos militares cuyas ínfulas de grandeza les llevaron a destruir España de sur a norte, tendrá que agarrarse a la silla cuando lea lo que dice el diccionario en la entrada del político socialista.
Julián Besteiro, escrita por Manuel Álvarez Tardío: “Al poco tiempo, en julio, un pronunciamiento militar fallido y el desmoronamiento de la legalidad republicana desembocaron en una guerra civil”. Como quien no quiere la cosa, un golpe de estado se transforma en un pronunciamiento militar y la Guerra Civil ya no la provoca solamente la sublevación militar, sino la endeblez del sistema republicano.
Camino del presente, el diccionario ensalza sin reparos las políticas neoliberales de José María Aznar, a nivel nacional, y Esperanza Aguirre, en el ámbito de la Comunidad de Madrid. Ambas entradas las escribe Manuel Jesús González González, secretario de Universidades en la época en que Aznar era presidente del Gobierno y Aguirre ministra de Educación. Sobre el primero, dice lo siguiente: “Aznar emprendió, además, un vigoroso proceso de privatización de importantes empresas públicas (Telefónica, Repsol, Enagas, Endesa, Corporación Siderúrgica Integral, Santa Bárbara, Argentaria e Iberia). Mediante tan ambicioso programa de privatizaciones, consiguió [...] que el Gobierno redujera la participación del Estado en Bolsa desde un 10,87 por ciento en 1996 a tan sólo un 0,52 por ciento en el año 2004”.
Manuel Jesús González también califica de vigorosos los “procesos de privatización en materias de recogida de basuras” de Esperanza Aguirre cuando encabezaba la Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid. El texto sobre Aguirre es un panegírico en toda regla que alcanza su momento cumbre al mencionar el incidente del helicóptero en Móstoles y el atentado de Bombay que coincidió con su estancia en la ciudad india. “En estos episodios, no pocos observadores vieron, al lado del beneficio de la suerte, una capacidad especial para adoptar decisiones rápidas en situaciones críticas o para adaptarse a lo inesperado”, reza el texto del historiador.
Resulta difícil de comprender que, si lo que se buscaba era aportar una “información necesaria, escueta y objetiva”, como Gonzalo Anes afirma en el prólogo del diccionario, se elija a historiadores que tuvieron estrechos vínculos con los biografiados. Basta decir que Luis Suárez, encargado de la reseña de Franco, preside la Hermandad del Valle de los Caídos y la entrada de Letizia Ortiz la escribió la Casa Real.
La Real Academia de la Historia le da la vuelta al siglo XX español y escribe de Francisco Franco:
Un gobernante católico autoritario, no un dictador. "Montó un régimen autoritario, pero no totalitario, ya que las fuerzas políticas que le apoyaban, falange, Tradicionalismo y Derecha, quedaron unificadas en un Movimiento y sometidas al Estado". Franco deja de ser dictador para convertirse en un gobernante autoritario.
"En 1911 ingresó en la Adoración Nocturna. Desde entonces su fidelidad al catolicismo se irá acentuando". La obra retrata a Franco como un dirigente católico, moderado e inteligente.
De Juan Negrín dice:
"[Azaña] se vio anulado por la iniciativa revolucionaria de las sindicales obreras armadas, pero se le mantuvo en el poder para que llenase, de cara a Europa, la imagen de un republicanismo democrático. [...] Su situación se agravó durante el Gobierno, prácticamente dictatorial, del socialista Negrín, en coalición con los comunistas". El diccionario deslegitima el Gobierno de Azaña y tacha de dictatorial la gestión de Juan Negrín.
Esto sucede en la “democrática España” de principios del siglo XXI ¿Qué ha hecho la democrática Alemania con el nazismo? ¿Qué hizo Italia con el fascio? ¿Y qué hicieron nuestros hermanos de Chile, Uruguay o Argentina con sus dictadores asesinos?  ¡Cuánto tenemos que aprender los que creemos saberlo todo!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo también leí ayer y, en el mismo periódico que tú, este artículo. Al principio me indigné por lo que cuenta y porque esas indecencias informativas se hubieran pagado con dinero público. Después, cuando quise encontrar motivos para tranquilizarme, pensé que en este país de poca lectura y mucho futbol casi nadie leería esas cosas. Así pues, quitando el hecho de que me han robado para publicar esas afirmaciones, me quedé tranquila porque no van a llegar a casi nadie. Besinos a todos. Minervina.

Ventolin dijo...

¡Eres genial Minervina. Nos roban pero no llegan a leerlos. Jajaja