sábado, 28 de mayo de 2011

OCHO MIL QUINIENTOS


Vivimos una época en la que tenemos la posibilidad de una mayor y más variada información pero no la utilizamos. La tragamos sin digerir su contenido y hemos desarrollado una credibilidad propia de los antiguos pueblos con el brujo de la tribu. ¡Lo dice la tele! decimos aplastados por el argumento. ¿Es que la tele no miente? ¿Carece de intereses? ¿Y la prensa? ¿Y la radio?
Delegamos nuestra capacidad de juicio en los medios de comunicación. Éstos consumen noticias a la velocidad del rayo y las utilizan como pañuelos de usar y tirar. No hay noticia, por importante que sea, que no quede obsoleta poco después de nacer.  
Y así fagocitamos la información y nos olvidamos de ella. Estamos perdiendo nuestra capacidad de reacción. Hace dos semanas Telefónica anunció que echaría a la calle a 6000 empleados. Ayer aumentó el número a 8500. Uno de cada cuatro empleados se irá a la calle. Aumentará el beneficio de Telefónica mientras que ocho mil quinientas personas más recibirán un subsidio de desempleo con cargo a todos los españoles.
Cuando suceden estas tropelías y cuando la gran banca cierra el grifo crediticio a pequeñas y medianas empresas, los medios de comunicación nos distraen con las luchas por el poder en el PSOE tratando el asunto como si fuera un partido de futbol. Y luego nos extraña que el electorado castigue a la izquierda y deje caer en manos de la derecha el poder que, sin escrúpulos, llevará adelante políticas cada vez más liberales. 

4 comentarios:

Jesús dijo...

Conocíamos la falta de ética del gran capital. Ahora demuestra que, rendidos y desarmados los ciudadanos, hasta la estética les importa un carajo.

Anónimo dijo...

Pienso últimamente que , si este tipo de tropelías se consienten y llevan a cabo con el PSOE en el poder, maldita la falta que nos hace una izquierda en el gobierno. Para este viaje no hacen falta alforjas, vamos, digo yo. Lo cual demuestra que, de una manera u otra, es siempre la derecha la que impone sus normas a la sociedad. Aparte de pegarme un tiro con el palo de una escoba, no sé qué más podría hacer. Minervina.

Jesús dijo...

Claro que empieza por ser antiestético el llamar liberal -qué bonita palabra y qué mal utilizada- a la política de explotación del ciudadano por el capital. Retroceso histórico, volviendo a la edad media, neocon, claro.

Ventolin dijo...

Es más que antiestetico amigo Jesus: es un robo del nombre. Si Jhon Locke levantara la cabeza, se asombraria de la metamorfosis de su idea del liberalismo.