jueves, 23 de junio de 2011

APUNTES HISTÓRICO POLÍTICOS

Después de publicar mi reflexión sobre los aspectos culturales de los diferentes idiomas que se hablan en España creo que falta una visión política sobre este asunto sobre todo para mis hermanos de Latinoamérica.
Cataluña mantiene viva su lengua desde hace siglos y la dictadura franquista solo consiguió que apenas se hablara en los espacios públicos. Pero desde el campesinado a la alta burguesía, la usaba y transmitía en familia.
Mientras tanto las burguesías de Galicia, País Vasco y Valencia  despreciaban sus lenguas y las tenían como expresiones incultas, olvidando la tradición secular escrita, tanto en gallego como valenciano.
La democracia permitió salir a la luz los nacionalismos aplastados por el dictador. Debemos recordar que en el Boletín Oficial del Estado, las provincias vascas de Guipúzcoa y Vizcaya fueron llamadas “provincias traidoras”.
La indudable diferencia con las provincias “leales al dictador” produjo el renacimiento de partidos nacionalistas tanto en Cataluña como en Euskadi y Galicia. Estos nacionalismos venían acompañados de diferentes ideologías. Mientras en Galicia el Bloque Nacionalista Gallego es de izquierdas, en Euskadi El Partido Nacionalista Vasco es democratacristiano y coexiste con varios partidos de izquierda así como organizaciones sindicales del mismo signo. En Cataluña, la mayor formación Nacionalista es una coalición de centro derecha llamada Convergencia y Unión. También Esquerra Republicana tiene representación en el Parlamento y en menor cantidad, Iniciativa per Cataluña, amalgama de comunistas y otras izquierdas con los verdes.
Las Islas Canarias también tienen su partido nacionalista de centro derecha, que gobierna el archipiélago en coalición con el PSOE y tiene dos representantes en la Cámara Nacional.  
Con esta correlación de fuerzas, no es frecuente que los dos partidos con implantación en todo el territorio alcancen la mayoría absoluta (mitad más uno de los 350 parlamentarios).
La consecuencia es que tanto el PP como el PSOE necesiten el apoyo parlamentario de uno o varios partidos nacionalistas y así ha venido sucediendo.
La mayor diferencia entre nuestra situación y la de otros países europeos, es que estos pequeños partidos se distinguen más por su condición nacionalista que por su ideología política, además de ser profundamente democráticos, lo que les facilita la posibilidad de pactar con los dos grandes partidos, popular y socialista extendidos por todo el territorio.
Y para complicar un poco más nuestro cuadro, a la izquierda del PSOE está Izquierda Unida que se ve perjudicada por un sistema electoral que castiga su dispersión geográfica mientras premia a los partidos nacionalistas, que por su concentración geográfica obtienen mayor  representación.
Y a la derecha del PP no hay nada; este partido recibe votos desde las ideologías más de extrema derecha, hasta de los de ideología de derecha más moderada. Es un partido pues heredero de la ideología franquista, contrario a los nacionalismos periféricos y hasta a sus idiomas. Pero eso no le ha impedido pactar con esos partidos para alcanzar mayoría en el Congreso.
¡Ah! Pero si quien pacta para obtener esa mayoría parlamentaria es el PSOE, se  desatan todas las alarmas desde el PP, augurando la rotura de España y todos los males habidos y por haber. Imagino la perplejidad con que se contemplarán estas oscilaciones desde fuera de nuestras fronteras.
He intentado analizar nuestro panorama político con la mayor ecuanimidad de que soy capaz, aunque supongo que en la interpretación de los hechos, habrá salido a relucir mi subjetividad: es inevitable. Pido perdón por los errores que me gustaría ver corregidos por quienes me lean.      

2 comentarios:

atreyu dijo...

Me voy a permitir un pequeño apunte,
Los valencianos, en aquella época, se sentían menospreciados, a veces lo "eran" de verdad, porque la burguesía de la época, así se lo hacía sentir, al comentar: "es que en su casa hablan en valenciano", dando a entender que no tenían suficiente conocimiento del castellano, pues a veces se mezclaban las palabras un "poco cambiadas" al castellano.
En Cataluña, como bien has dicho, del primero al último lo hablaban; porque; si los "burgueses" lo hacían, ¿por qué no podía también el obrero de la fábrica?
En Valencia era menos elegante expresarse en público; mientras que, en Cataluña era "hacer país".
Este pequeño detalle, es lo oído en casa, ya que mi padre era de familia catalana; además he añadido alguna circunstancia, ocurrida en mi infancia, con compañeras, que vivían cerca del Colegio, ubicado en un pueblo de la comarca de La Huerta de Valencia, donde todo el mundo era entonces valenciano-hablante.

Ventolin dijo...

Gracias Julia. Como de costumbre has enriquecido mi comentario desde la experiencia vivida. Así los lectores de este blog estaremos mejor informados