lunes, 31 de octubre de 2011

VIVOS

Pienso si los españoles no seremos un pueblo que se regodea en la muerte. Nuestra llamada fiesta nacional, son las corridas de toros, en las que éstos mueren sacrificados a un llamado arte.  Nuestro cainismo es por todos conocido y nos hemos matado con frecuencia. La Inquisición dura hasta 1834. La llamada semana santa consiste en la exaltación de la muerte por crucifixión de aquel al que los cristianos llamamos Hijo de Dios. Su resurrección pasa desapercibida o, en todo caso, vista como el final de unas vacaciones. Es curioso como la Pascua vista en otras latitudes como la fiesta de la vida en España, en el lenguaje coloquial, hacer la pascua equivale a fastidiar, molestar o perjudicar a alguien.
Y mañana millones de ciudadanos inundarán los cementerios, limpiarán con esmero las lápidas, depositarán flores sobre las mismas y quizás recen alguna plegaria a favor de quien en su día fue enterrado allí. Deben creer que en algún lugar concreto, hay alguien concreto que ha decidido la suerte del enterrado y le ha premiado o castigado para siempre pero… si elevamos una plegaria, ese castigo puede ser levantado. Soy creyente pero en mi fe no caben esas supercherías y pido perdón a quienes ese término les pueda sonar excesivamente fuerte. Pero si un día mis nietos leen este blog se sentirán liberados de rezar por mi y ojala me recuerden con alegría. Me gustaría por ejemplo que mi nieta Sofía me recordara en aquel sábado (anteayer) que se ofreció a acompañarme a mi casa de Majadahonda desde la de Andrés en Torrelodones. Son apenas diez kilómetros y necesitaba rellenar mi “pastillero” semanal de medicamentos.
Sofía acaba de cumplir 18 años y ha obtenido su carnet de conducir así que le dije: ¿quieres llevar tú el coche? No olvidaré su cara de alegría y sorpresa. Se sienta, coloca los espejos a su gusto, arranca y se le cala el motor. Yo, sentado a su derecha con cara de “aquí no ha pasado nada”. Vuelve a intentarlo y se cala de nuevo. Mi cara impasible pero mi pensamiento volaba a situaciones no deseadas…
Cuando está a punto de que le suceda lo mismo, me doy cuenta de que no ha quitado el freno de mano así que le digo: sería bueno que quitaras el freno de mano. Me miró soltó la carcajada, se liberó de los nervios y condujo hasta casa de Andrés sin más incidencias. Cuando abuela y tíos me preguntaron cómo conducía, obviamente oculté el pequeño detalle y dije que fue una conducción perfecta. Nos cruzamos una mirada de complicidad y pensé que ese es el abuelo que quiero que recuerde y así permaneceré vivo. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Te doy la razón en lo que dices de cómo hacemos de la muerte, en este país, poco menos que la razón y el estímulo de la vida.
Lo de tu nieta lo celebro; no hay más que leerte para ver que te sentiste feliz. Besos, Minervina.

Berenguela I dijo...

Fantastico Andres ,como si lo hubiese escrito yo ,totalmente de acuerdo .¿cómo va esa chica ,Marilina?

Cristina dijo...

Jajajajaj ¡¡¡sos el abuelo soñado!!!, jajaja, hermoso lo que escribiste, y pienso exactamente igual... vivos que nos recuerden, ¡caramba!
Un abrazo argentino
Cristina

Sally dijo...

Estoy de acuerdo con vos,así me gustaría me recordasen .'Que abuelo tan genial Un cariño muy grande

Ventolin dijo...

Recuerda Minervina aquel alarido de Millán Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca (la tuya) ante su rector don Miguel de Unamuno

atreyu dijo...

Si, aqui en referencia a la Semana Santa y la Pascua, en Castilla la fiesta es la primera, en mi tierra la celebración es en la segunda.
Cuando de joven iba a Denia, yo llegaba el sábado (de gloria) y a las 12 de la noche ya estábamos todos esperando en la puerta de la discoteca, a que se hicieran las 12, para empezar el bailoteo.
En cuanto a la ida a los cementerios, yo voy el día que toca, y, fin.
Las acciones a los seres queridos, en vida, después es un recuerdo, triste en principio y de resignación al final, seguro que, por la sensación de pérdida.