viernes, 9 de diciembre de 2011

JUDAISMO Y SEXUALIDAD


La actitud sobre la sexualidad de los antiguos judíos se deduce de la "Biblia" (Antiguo Testamento según los cristianos) y del Talmud. De estas dos fuentes, los historiadores concluyen  que los judíos consideraban la sexualidad como una fuerza positiva y como un regalo de Dios a los seres humanos.
Sin embargo, las mismas creencias proponían que la actividad sexual era apropiada solamente dentro del matrimonio. La institución social de la familia poseía connotaciones religiosas muy importantes. El celibato no tenía virtud alguna y hasta fue considerado pecaminoso porque significaba un rechazo a un regalo otorgado por Dios mismo. "El Cantar de los Cantares" de Salomón es un buen ejemplo de la mezcla de lo erótico y lo religioso que caracteriza este punto de vista. Existían leyes específicas que regulaban la frecuencia mínima de actividad sexual que se debía tener con su  cónyuge y si no se cumplía con estos mínimos se aceptaba como causa de divorcio. Aunque el judaísmo temprano proponía una visión positiva de la sexualidad, ciertas conductas sexuales específicas estaban prohibidas. Entre ellas, el sexo premarital, el adulterio, el incesto, forzar a nuestras hijas a prostituirse, la actividad sexual entre hombres (de las mujeres no dice nada), el bestialismo y la pedofilia. La mayor parte de las conductas prohibidas se encuentran en los libros de Levítico y Deuteronomio.
A este respecto recuerdo la consideración de la mujer en aquella cultura ancestral y quiero resaltar cómo en el texto del decálogo en Éxodo 20, 2-17 no la distinguía del resto de bienes del hombre y cito textualmente: “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.  Así contemplados eran nueve y no diez los mandamientos hasta que la Iglesia Cristiana desdobló en dos este mandato. De esta forma, la mujer dejaba de ser una “cosa” más del varón de la misma categoría que su asno o su buey… La  enumeración de los mandamientos en el Deuteronomio en 5; 6-21 no difiere en lo sustancial de la de Éxodo: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”.
Y estos son en síntesis los antecedentes con los que se encuentra Jesús de Nazaret. De ello escribiré en mi próxima entrega.

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